A la madurez viruelas

por | 7 Feb, 2019 | BLOG

Campaña de publicidad de Multiópticas, ‘Miradas’, creada por la agencia Sra. Rushmore, 2017

Gamberras, pícaras, entusiastas, vividoras, coquetas, hiperactivas, seductoras… No se equivoquen, no se trata del perfil de unas jovencitas sino de señoras que pasados los cincuenta se ponen el mundo por montera y se ríen en la cara de los que utilizan la edad como escudo para poner límites. Porque, hoy, las mujeres se parecen, cada vez más, a sus hijas.

 

“Cada día me siento más macarra”, afirma Laura Castejón mientras resiste, a lomos de su moto de gran cilindrada, un inesperado chaparrón. Esta madrileña de 58 años no conoce la sensación que produce ir de paquete,  ella maneja los hilos de su afición y las marchas de su moto. No en vano, el lema del club HDC Girls (Moteras de España), del cual forma parte, es mujer conduce tu moto, mujer conduce tu vida. Lleva desde los 24 años desafiando los tópicos que dictaban que esta afición era cosa de hombres, cuanto más recios mejor, nunca a damas, menos si estas rebasaban una cierta edad.  Laura no se conforma con manejar una motocicleta de paseo, fascinada por los artilugios veloces de dos ruedas, ha recorrido media España alcanzando los 180 kilómetros por hora, “cuando aún se podía y no existían tantas restricciones de velocidad”, aclara con cara de chica precavida, intentando mantener su historial  como hasta ahora, sin ninguna multa. Presume de conducir “estupendamente, mejor que los hombres porque soy más prudente”. Cuando cumplió los 50 cambió de moto, una con el asiento más bajo para poder llegar al suelo, “es la única concesión que me permito, por lo demás, sigo con la misma marcha que cuando me saqué el carnet de conducir”. Sus sobrinos lo corroboran con una frase: “tía, tú sin tu moto y tu vermut no eres nadie”. Ahora sopesa la posibilidad de realizarse un tatuaje,  para completar su imagen de motera macarra.

Laura pertenece a esa legión de mujeres que retan a  aquellos que las condenaban a convertirse en unas señoras grises, aburridas, embutirse en vestidos clásicos y malgastar la tarde frente a un té con pastas.  Ahora, a  los hombres que compran un deportivo y  buscan una novia jovencita, para perpetuar su imagen de adolescentes y ocultar sus canas, les han brotado unas duras competidoras; ellas también se ponen el mundo por montera, subidas en sus tacones, se burla de las normas.  Y, para que no decirlo, mantienen unos comportamientos con tintes propios de la adolescencia. Están presentes en todas las plataformas públicas y se ríen de la brecha digital.

La burgalesas Pilar Espinosa vio un día a Chenoa en televisión y se dijo, “esta chica posee algo especial”; entusiasmarse con la cantante y convertirse en una grupy fue todo uno. Llevó a sus hijas a un primer concierto de la artista y ya lleva más de 70 a sus espaldas. Mallorca, Barcelona, Madrid, Murcia….ha recorrido casi los mismos kilómetros que los músicos que acompañan a la intérprete. Siempre en primera fila, corea y baila el “Cuando tú vas” de forma frenética. Quizás las quinceañeras que siguen a Justin Bieber  griten con más decibelios pero, desde luego, Pilar, a sus 63 años,  no les queda a la zaga a la hora de pedir autógrafos y posar junto a su musa tras los conciertos. Funcionaria de profesión, destina todos sus días libres, y todos sus ahorros, a esta actividad. Y, su marido, ¿qué opina? “No dice nada, yo le dejo que tenga sus aficiones, él me deja que tenga las mías”, sentencia.

Pero, ¿por qué se produce este fenómeno? Los sociólogos observan un proceso de “infantilización” de la sociedad que cada día afecta a un mayor número sus miembros. El miedo a crecer, lo que definió el psiquiatra Carl Jung como el deseo de mantenerse “puer aeternus” (niño eterno), subyace en la mente humana pero antes se ocultaba. Sobre todo las mujeres, a las que con facilidad se les colgaban carteles de inmaduras, irresponsables, mamarrachas o patéticas cuando no respondían al estereotipo que la sociedad marcaba para ellas. Ahora han dejado atrás los complejos y comparten con sus hijas adolescentes vestuario, amigos, diversión, aficiones y, en algún caso, hasta los  ligues. Más allá de otro tipo de valoraciones, los sociólogos han visto como este fenómeno otorga a las señoras una buena dosis de alegría, de ganas de comerse el mundo y un aspecto más saludable y lozano.

Assumpta Serna tenía 14 años cuando sus profesores de interpretación le pidieron que se caracterizara como una mujer de 40 años. Se llenó el pelo de polvos de talco para aparentar una cabeza  cubierta de canas. A la adolescente que fue le costaría situar en los 54 a esta mujer que aparece con una sonrisa radiante, melena castaña al viento y una minifalda que para sí la quisieran las protagonistas de Crepúsculo. Seguramente, en la España de los años 70, el modelo que representa Assumpta resultaría impensable. Aún así, ella, contempla en el difícil mundo del cine como, “a partir de los cuarenta y tantos van perdiendo fuelle porque aún no se ve a la mujer como un ser activo, sólo se la asocia a su papel de madre. Hay que romper esos tópicos y empezar a reflejar cómo funcionamos realmente las mujeres hoy en día”.

Sara Navarro, a sus 60 años,  tiene un lema en la vida, “no me quiero perder nada”.  La diseñadora de calzado y complementos ha observado el cambio de imagen sufrido por las damas mayores que dejaron atrás los cuarenta. Sara considera que “el look posee mucha fuerza a la hora de hacerte sentir de una manera o de otra; lo mismo que pesa sobre el que te observa. El atrevimiento en la indumentaria va parejo a la pérdida de inseguridades; cuando una mujer apuesta por vivir su existencia a su manera, elegirá lo que le gusta sin pensar si coincide con lo que le conviene”. Las estilistas de moda se empeñan en camuflar las siluetas cuando la menopausia se acerca, prohibidas minifaldas y escotes, sentencian. Pero ellas se rebelan y se entregan a ellas.  Además se sueltan la melena y, en su forma más literal, se la dejan crecer. Adiós a cardados y cortes esculpidos a golpe de rulo. Hoy, las largas cabelleras complican la tarea de calcular la edad de una mujer si se la mira, y admira, de espaldas. Y, al girarse, sorprende la lozanía de otras, conseguida a golpe de bisturí. Según los datos de la Sociedad Española de Cirugía plástica, Reparadora y Estética (SECPRE) un 35% de las señoras que pasan por el quirófano para realizarse algún retoque ya no cumplirán los 45 años. Éstas, piden sobretodo, despedirse de las arrugas mediante un lifting y eliminar el michelín de la barriga a través de la liposucción. Y, si la cara es el espejo del alma, cada día se cumple más la máxima que en su día manifestó la diseñadora  Diane von Fustenberg: “los 50 son los nuevos 40”.

En el momento en que la mujer abandonó el uso de la faja, también se liberó de otras muchas barreras, una de ellas, la de circunscribir sus partos a una edad temprana. Marisol R. tiene 58 años, su hijo Samuel, 4. “Tenía dos hijos mayores de una anterior relación pero, mi nueva pareja, ocho años menor, quería vivir en primera persona la paternidad. Al principio me negué pero luego pensé que se me abría la posibilidad de formar una nueva familia. Me sometí a distintos  tratamientos de fertilidad  en contra de la opinión de  mis amistades y seres queridos” cuenta Malena. Corre detrás del travieso Samuel con la misma agilidad y entusiasmo que lo haría una jovenzuela.  Dedica a su chiquillo todas las tardes y, cuando éste duerme, ella se marcha a impartir clases de zumba. Reconoce que, aquellos que no la conocen, la critican y tachan de egoísta por haber tomado esa decisión pero, afirma, “la maternidad siempre te convierte en generosa, te das al otro. Sólo encuentro ventajas a la posibilidad de embarazarse con esta edad, todo resulto fantástico. Con cincuenta años te encuentras más preparada para compartir experiencias con un niño; además, valoras muchísimo más lo que significa tener un bebé”.

También en las lides amatorias, estas señoras, juegan de forma distinta a como lo hacían sus madres. Las mujeres  buscan compañero de forma activa, no se quedan sentadas esperando que el príncipe azul llegue a su puerta. De hecho, un 20% de las usuarias de los portales que buscan pareja en la red ya cumplieron los cincuenta. Sin embargo, la socióloga Concha Fernández Diez considera que en terreno de los afectos aún se conserva un tabú, el de enamorarse de un jovencito de carnes prietas. Pero las damas se empeñan en tumbar ese prejuicio. Assumpta Serna, sin ir más lejos, vive emparejada con un chico más joven. Doce años de edad separan a Scott  Cleverdon de su mujer y socia en la Fundación First Time de Formación Cinematográfica. “No me he sentido juzgada nunca por mi entorno por esta relación –declara- sólo caigo en la cuenta cuando me lo recordáis los periodistas. Cuando le conocí pensé que era un ángel para mí, una persona sin maldad, no reparé en su edad. Yo no percibo ninguna diferencia entre nosotros por esa causa, quizás debido a mi energía y porque poseemos caracteres muy dispares, él, reflexivo y pesimista, yo, activa y optimista. Nos hemos respetado mucho y eso hace que los años no sean más que una anécdota en nuestras vidas”.  En definitiva, cada día aumenta el número  de varones que se apunta  a la moda que definió el escritor  Fernando Schwartz en uno de sus libros, aquella de  cambio dos de veinticinco por una de cincuenta. Pero, no se relajen los varones y sueñen con encontrarse mujeres apacibles, dispuestas a pasar largas tardes de sofá y manta. Al contrario, tendrán que hacer acopio de toneladas de ginseng para seguir su ritmo.

Así son ellas, cumpliendo a rajatabla el refrán la cara es el espejo del alma. Lozanas por fuera, un ciclón de entusiasmo por dentro.  No son menopáusicas a las que se le pasó el arroz y quedaron aparcadas e invisibles. Aún les resta mucha guerra que dar.


La imagen que ilustra este post pertenece a la campaña de publicidad para las gafas mó de Multiópticas ‘Miradas’, creada por la agencia Sra. Rushmore en 2017. El propósito de Multiópticas, según su Director general, era mandar un mensaje integrador: “si te atreves a ser tú mismo te van a mirar, pero la mirada que importa es la tuya”. Aquí la tienes.

Pilar Arranz        Pilar Arranz es periodista. Comenzó su carrera profesional en la cadena SER, donde formó parte del equipo de ‘A vivir que son dos días‘. Colabora en las revistas Xl Semanal, Yo Dona y Woman. Y en la actualidad forma parte del programa de televisión ‘Late Motiv‘ de Andreu Buenafuente. Su trabajo le ha permitido conocer a mujeres muy interesantes; «buena parte de ellas permanecen ocultas por no cumplir los cánones de juventud y talla que muchos medios imponen». Es el momento de darlas a conocer en On the 50 Road.

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