El futuro está en el campo

por | 25 Dic, 2018 | BLOG

Foto: Lucija Ros/Unsplash
¿Te ha entrado alguna vez ganas de hacer las maletas y trasladarte a vivir al campo? Infinidad de veces se me cruza la idea por la cabeza. A mí y a muchas otras personas, hartas de que no les llegue la camisa al cuello o de llevar una vida que simplemente no se ajusta a una idea de bienestar preconcebida. Es una tendencia social que se está respirando en el ambiente aquí y allá.
Irse a vivir al campo para muchos resulta una ilusión romántica, una especie de comodín al que nos asimos cuando nos revuelve la vida cotidiana. Y lo dejamos en una ilusión por temor a que la realidad sea bien distinta. La vida en el campo es muy dura, eso nos han dicho siempre, tanto que solo quedan los más mayores en pueblos fantasmas. Los jóvenes se fueron a las grandes ciudades, que es donde pasan las cosas, el lugar donde hay que estar y, desde luego, donde hay trabajo para sí mimos y para sus hijos… De hecho el 90% de los españoles se concentra en el 30% del territorio (el litoral y Madrid). Pero, por otro lado, ¿por qué seguir insistiendo en vivir en una ciudad donde el nivel de vida es tan exigente que chupa la energía? ¿Acaso eso resulta más fácil?.

Hay infinidad de congresos y reportajes dedicados a cómo vivir en ciudades más humanas con espacios públicos donde relacionarse. Está previsto que para el 2050, dentro de nada, el 70% de la población mundial viva en zonas urbanas, muchas de ellas megalópolis. Urbanistas, arquitectos, sociólogos, tecnólogos y pensadores están volcados en proyectar ciudades que faciliten una vida más amable y sostenible. Pero la realidad actual es que las grandes ciudades están expulsando a sus habitantes del centro para convertirlos en parques temáticos y centros de negocios. Y mientras, el campo se advierte como lo otro, un lugar tan diferente que resulta exótico, como una trastienda que aguarda en silencio, y que sirve de refugio puntual a los urbanitas, para escaparse de la ciudad, respirar profundamente, y volver.

Como casi siempre consiste en darle la vuelta a el imaginario cultural que tenemos enraizado. Y aunque el campo de nuestros abuelos, de frío, incomodidades, sabañones y dedicación 24 horas 360 días al año sigue existiendo, aunque con menor ferocidad, también existe la posibilidad de crearse una vida confortable con trabajos alternativos donde no haya que dejarse la piel y donde se viva en espacios más placenteros. Esto no va de lucrarse, va de vivir mucho mejor con menos.

Y va también de que las instituciones públicas fomenten la repoblación del interior del país con políticas transversales que generen actividad económica, apoyando iniciativas empresariales, garantizando infraestructuras, servicios y una red de internet que permita trabajar en cualquier lugar. De esto último se encarga Isasura Leal, comisionada del Gobierno frente al reto demográfico, cuya prioridad es llevar la banda ancha a la España vacía para generar actividad económica con el autoempleo. Debe estar elaborada para la primavera de 2019, porque «es una cuestión de igualdad de derechos y no admite demoras», comenta Isasura Leal. Y aunque, según el último Informe de Banda Ancha del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, existen más de 2.700 municipios en nuestro país cuya navegación no alcanza los niveles óptimos para su correcto desempeño, ya podemos presumir de ser uno de los países más avanzados en cobertura de internet. La Comisión Europea también está llevando a cabo planes de acción para reducir la brecha digital que existe entre los pueblos y las ciudades y fomentar el emprendimiento empresarial y el uso de las nuevas tecnologías para el desarrollo rural. Entre ellos, el programa Smart and Competitive Rural Areas

Cada vez son más las iniciativas que trabajan a nivel individual y en comunidad para dejar constancia de una nueva forma de modus vivendi, alternativa a la que se genera en la ciudad, pero en sinergia con ella, donde ambos escenarios se nutran mutuamente. Y lo están haciendo porque la tecnología permite y fomenta nuevas formas de vida más flexibles y  con mayor movilidad, pudiendo trabajar a distancia. Se puede ser un nómada digital o asentarse en un lugar a una distancia remota de la empresa o los clientes, y estar siempre conectados. La distancia o la obligación presencial está perdiendo relevancia y esto, que puede asustar en un principio, resulta una gran ventaja: nos hace más libres. Con internet se puede crear redes de conexión entre los entornos rurales y los urbanos. Un escenario nuevo de oportunidades infinitas. «Dame un punto de apoyo y moveré el mundo» dijo Arquímedes tras descubrir la ley de la palanca. Eso es el internet de las cosas, el punto de apoyo capaz de permitir lo inimaginable. Se puede puede vivir en el campo con unas herramientas que no conocieron nuestros abuelos.

Hace tiempo leí un reportaje de Virginia López Enano, en El País Semanal, que también se me ha quedado rondando en la cabeza: Conectados al campo, sobre el fenómeno de los neorruales. Profesionales liberales, que utilizan internet para trabajar allá donde les plazca, que es en el campo, y que les conecta con las ciudades. Una forma de sacarle partido a los avances tecnológicos, que les permita desayunar por las mañanas con unas vistas más amplias, un aire más sano y un equilibrio anímico seguramente garantizado. El reportaje recoge experiencias de gente como cualquiera de nosotros que confirman que vivir en el campo es posible. Y lo hacen manejando una vida sostenible con su entorno sirviéndose de los avances tecnológicos. Entre ellos, Franco Llobera, consultor especialista en el diseño y evaluación de políticas públicas y de innovación social, en desarrollo rural, que se fue con su familia a vivir a Torremocha del Jarama, en Madrid, desde donde ejerce su oficio. También Guillermo Fernández quien tras perder el empleo por la crisis, se formó en agricultura para establecer su residencia, junto a su familia, en su pueblo natal Tiétar en Cáceres. Ahora cultivan sus propios productos ecológicos y cuentan con su red de clientes. Comenta en la entrevista como en el Tiétar de los ochenta no quería quedarse, y del Tiétar del siglo XXI no quiere irse.

Una de las aventuras que más me han llamado la atención es el negocio de venta online de ropa de fiesta Mariquita Trasquilá. Sin moverse de Trebujena, un pueblo gaditano de 7.000 habitantes, su fundadora Milagros Cabral inició su aventura empresarial tras una catarsis personal y ha necesitado solo cinco años para tener siete veces más clientes registradas en su web que vecinos tiene su localidad.

Y también se puede vivir del campo de otra manera. Nadie se salva de ensuciarse las manos, pero la forma de trabajar está cambiando, aparte del progreso social que nos lleva a la búsqueda del propio bienestar en el hogar y en el trabajo, se está generando una conciencia de comunidad, de colaboración, de apoyo, y de visibilización gracias a internet. El proyecto Digitalizadas (una idea que partió de Google.org y que cuenta también con el apoyo del Ministerio de Servicios Sociales e Igualdad, Cibervoluntarips.org y Fundación Mujeres) integra hoy a 5.000 mujeres del ámbito rural que quieren sumarse al tren de la digitalización para favorecer su empleabilidad y capacidad de emprendimiento, dotarse de mejores herramientas para llevar a cabo su trabajo y generar, además, una red de mujeres rurales donde compartir experiencias y referentes empresariales locales femeninas. El proyecto se ha puesto en marcha este año, está presente en más de la mitad de las regiones de España y está abierto a quién se quiera sumar.

Otra iniciativa que crea comunidad desde las redes es la cuenta de Ganaderas AsturianasJóvenes ganaderas con muchos planes de futuro, así se definen y así se las ve en su cuenta de instagram @ganaderas_asturianas. Tienen sus plataformas digitales para darse a conocer, contar sus historias, visibilizar sus reclamaciones y, procurarse un apoyo mutuo. Además al verlas en las redes, su oficio se normaliza en nuestra sociedad, nos enseñan el campo, sus vacas, su productos y aquello a lo que se dedican día a día. De repente existen. También un grupo de viticultoras que apuestan por el cultivo sostenible en diferentes zonas del país han creado una red parar compartir sus experiencias y sentirse unidas. «Gracias a la rapidez en las comunicaciones, hemos construido una red. Algo informal, pero muy gratificante. Cada una está en una punta, pero por primera vez, compartimos muchas cosas», comenta una de sus integrantes Sara Pérez en un reportaje de El País Semanal.

La organización AFAMMER (@AFAMMERmujer), la primera asociación de mujeres rurales en España, ha conseguido convertirse en un movimiento global y ha implantado el día 15 de octubre como Día Internacional de la Mujer Rural. Se constituyó en 1982 para visibilizar a las mujeres rurales y que su voz se escuche en los foros nacionales e internacionales. Y lo están consiguiendo. Se han comprometido con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pactados por la ONU en 2015 y previstos para el 2030, y su labor es hacer de altavoces internacionales para alertar del despoblamiento de las zonas rurales, de las desigualdades a las que se enfrentan, especialmente sus mujeres (de todas las personas que poseen tierras en el mundo, solo el 20% son mujeres y la diferencia salarial entre hombre y mujeres sube al 40%), del envejecimiento de los pueblos y de la falta de oportunidades. Acaban de celebrar el II Congreso Internacional de mujeres rurales en el Mundo, presidido por la reina Letizia. «Sólo si se favorece empleo de calidad y estable para las mujeres rurales, se dota el medio y se dan facilidades para lograr un bienestar podremos evitar el grave problema de la despoblación rural. Sin desarrollo sostenible rural y sin mujeres tomando decisiones sobre su futuro, el medio rural acabará desapareciendo», reza una de las conclusiones del congreso.

Una forma de tener presente el campo dentro de nuestras ciudades corre a cargo de la iniciativa artística CAMPO ADENTRO, que acaba de inaugurar en Madrid el Centro de Acercamiento a lo Rural (CAR). Este proyecto se nutre de disciplinas muy diferentes para crear lazos con lo rural y fomentar un cambio social desde el arte, la innovación, la formación y la ecología. «En nuestra mano está poner en marcha estrategias culturales que cambien la mentalidad», comenta García Dory, una de las integrantes del equipo de CAR en una entrevista para ABC.  Sus proyectos se han expuesto en el Matadero de Madrid, el Pompidou de París, en la Serpentine Gallery de Londres, en la Fundación Delfina de Londres, en el MUSAC de León, y en la Casa Encendida de Madrid.«La nuestra no es una filosofía bucólica basada en una vuelta al paisaje, a la Naturaleza, sino una maniobra conceptual para dotar al arte de verdadera utilidad y que se transforme en una herramienta que apuesta por el equilibrio ecológico y el cambio social. Eso pasa irremediablemente por recuperar la relación con la rural». Su propósito es plantear una filosofía de trabajo que defiende la transición de las sociedades a la sostenibilidad, potenciando «no sólo el reencuentro entre campo y ciudad, cultura y naturaleza, sino también la apuesta por el equilibrio territorial, las economías locales y las comunidades resilientes, inclusivas y sostenibles». «En el nuevo paradigma que proponemos es crucial la transmisión del arte, la redefinición del artista y de sus modelos de producción».

Las marcas de lujo también quieren subirse al tren de esta tendencia que está reconstruyendo una nueva visión del campo más amable. Y ya se han ocupado de meter sus tentáculos para patrocinar una de las ferias más chic del condado que cubre Toledo, Ávila, Segovia y Madrid, dedicada exclusivamente al campo, a promocionar los productos que genera la tierra. Felipe Díaz de Bustamente, el empresario que decidió retirarse a su finca en Oropesa (Toledo) para diseñar jardines en fincas rurales, organiza cada año por mayo,  junto a su hija Cristina, la feria Jardines Campo Open Day. Un evento que ya va por su sexta edición y que consigue reunir a un elenco muy variopinto de visitantes: propietarios de fincas, empresarios, artesanos, paisajistas, ganaderos, agricultores y urbanitas. Todos ellos con un interés común: el campo y los productos que genera. La intención de Bustamante es desarrollar una red que vincule a los productores entre sí y a estos con los que vivimos en la ciudad. En su última edición reunió a 2.000 visitantes. La feria cambia de emplazamiento cada año y solo se accede por invitación. Entre los patrocinadores con los que cuenta, además de Mercedes Benz y L´Oréal, está CaixaBank con su línea de negocio AgroBank dedicada al sector agrario, y que cuenta con más de 350.000 clientes y una red de oficinas cada vez más extendida.

Otra forma de promocionar el campo bajo el prisma del lujo comedido y respetuoso con su entorno son las casas rurales, que han conseguido enraizar como oferta turística alternativa al sol y playa. La Granja Ibiza es un hotel en Ibiza donde sus clientes, además de hospedarse en un lugar bellísimo, pueden interactuar con la tierra, los animales de granja, el huerto orgánico y los productores locales de la zona. El espacio alberga a turistas sensibilizados con la naturaleza y también forma parte del sibarita club privado internacional Friends of a Farmer, una asociación dedicada al cultivo de las artes y de la sensibilidad en torno a la tierra. Una forma de comunidad donde lo que prima son las buenas conversaciones y la naturaleza. Este es el valor añadido que su promotor Andy Szymanowicz ha querido incorporar para conservar y promocionar el entorno natural ibicenco.

La explotación sostenible del campo está cobrando mayor fuerza como alternativa a la agricultura y ganadería intensivas que pretenden alimentar de cualquier manera a los miles de millones de personas que viven y vivirán en las ciudades. Están surgiendo nuevas disciplinas universitarias, como el grado en Ciencias Agrarias y Bioeconomía, especializado en la mejora de la producción vegetal y animal para promover un cambio de vida más ético. Y también estudios no universitarias como las Escuelas de Pastores del s.XXI, que están proliferando por España, para garantizar un relevo generacional y sacarle mayor rentabilidad económica a su oficio con el apoyo de las nuevas tecnologías, por ejemplo, la localización de pastos óptimos a través de imágenes por satélite.

Los reyes de los negocios en los pueblos son sin duda los británicos. A ellos les gusta la vida campestre y saben sacarle su partido. Hay infinidad de pueblos y granjas por su geografía con pequeñas tiendas de productos locales, anticuarios y centros de subastas, bed&breakfast, ferias locales para dar a conocer sus productos, salones de té en mansiones o palacetes… Pero también hay proyectos mucho más ambiciosos: pueblos y comarcas reconvertidos en centros de actividades adaptadas al siglo XXI, que generan economía y atraen al turismo. Eso sí, respetando el entorno y su historia. Hay incluso un premio, el Royal Agricultural Society of England (RASE) que promociona, desde 1838, los avances científicos y una gestión de calidad de las fincas agrícolas. Y uno de los proyectos que han premiado ha sido el Alscot Park, iniciativa de Emma Holman-West, quien se hizo cargo, por herencia, de un condado de 1.600 hectáreas, con sus granjas y pueblos donde se desarrollaban apenas 25 negocios locales. Tres décadas después Emma ha convertido el conjunto en un centro dedicado al emprendimiento, con su propio pub, una preciosidad de B&B decorado por ella, tiendas locales, set para localizaciones de películas, almacenes, despachos de consultores para la apertura de nuevos negocios, de ingenieros y de diseñadores gráficos, explotación de granjas y un propio sistema de banda ancha para que la Red funcione óptimamente. Esta comarca podría haber seguido su curso, cada vez más abandonada, y la dueña de la propiedad podría haberse dedicado a recibir, pero no fue así, prefirió trabajar duro y arriesgar mucho para construir un núcleo de actividad económica respetuosa con el entorno.

Otro proyecto interesante viene de la mano de una pareja de galeristas suizos Iwan y Manuela Wirth, que han reconvertido una granja del s.XVIII en un laboratorio artístico, donde se programan exposiciones de arte contemporáneo y sirve a la vez de residencia para artistas y otros visitantes. Este centro, que se puso en marcha hace 4 años, forma parte de un proyecto más ambicioso que reúne galerías en Zurich, Londres, Nueva York y ahora una nueva en St. Moritz. Lo particular de esta galería en Somerset, al sureste de Inglaterra, es que ha paso de ser una granja regentada por la aristocracia a convertirse en un escenario dedicado al arte, integrado en plena campiña inglesa con su propia ganadería y viñedos.

El año pasado acudí por segunda vez a una muestra de trabajos con lana que organizan los propietarios de la finca El Arreciado en Toledo, una extensión de campos de encina y pastoreo, que sirve de residencia de artistas y que cada año abren su puertas a los curiosos para visitar las intervenciones artísticas con la lana de las ovejas que crean sus residentes, además de otros eventos y talleres enfocados a educar y a conectarnos con el campo.

El diseñador y humanista italiano Brunello Cucinelli con su proyecto de restauración y reavivación económica y cultural del pueblo Solomeo, cerca de Perugia (Italia), pretende demostrar que el futuro está en la reconversión de las afueras de las ciudades. «Estoy convencido, afirma para el semanal S Moda, de que una renovación excepcional, civil, humana y espiritual partirá de estos sitios. Las nuevas tecnologías deben de utilizarse para mejorar la calidad de vida. Internet es la respuesta para frenar esa tendencia de abandonar los pueblos, porque permite trabajar desde estos lugares hermosos. Así podremos redescubrir una forma de vivir en armonía con los ritmos naturales».

Está claro que el campo se presenta como un nuevo escenario con infinidad de posibilidades profesionales. Las tecnologías que tenemos hoy a nuestro alcance nos permiten conectar con la ciudad, sin estar dentro de ella. A muchos nos llevará tiempo verlo como una alternativa real, pero ya hay una avanzadilla que lo está intentando y el ejemplo va calando.

Ya le pasaba al personaje que encarna Diane Keaton en Baby, Tú vales mucho (1987), una ejecutiva neoyorquina, encantada con su éxito profesional y personal, hasta que le llega una herencia que le hace replantearse su vida radicalmente, y se vale de sus armas de empresaria para sacarle partido a una nueva vida en el campo, que, en principio, nada tenía que ver con ella.

¿Cuánto cuesta un pueblo? es el título de un artículo en El País sobre las iniciativas que parten de instituciones locales para sacar a subasta casas, terrenos y hasta pueblos enteros con tal de poner remedio a la despoblación. Los precios son tan asequibles (¡por fin algo asequible!) que están atrayendo incluso a gente extranjera: «Con esos precios (el caso de Olmeda de La Cuesta, en Cuenca), escribe el artículo, resulta comprensible que hayan pujado personas venidas de todas partes del mundo. Algunas para fijar su primera residencia, como ha sido el caso de una escultora inglesa que va a construir en el terreno adjudicado su casa y su taller. O una mujer venezolana que vivía en Dinamarca y que tiene pensado traer al resto de su familia. Otros como un iraní que trabaja de cocinero en Madrid usará la futura construcción para los fines de semana». ¿No te da cierta curiosidad?

Año Nuevo, Vida Nueva!