Elena García crea un exoesqueleto para los más pequeños

por | 20 Feb, 2019 | PERSONAS

Elena García Armada junto al equipo Marsi Bionics

Dirige una línea de investigación pionera internacionalmente, sin embargo, dentro de la escala de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se encuentra en el puesto más bajo, cuando por curriculum e investigación podría estar en los niveles superiores. ¿Por qué? Eso se pregunta Elena García Armada y cualquiera que conozca su trabajo.

Elena iba para artista, le encantaba la pintura y construir lo que fuese, pero sus padres, que eran profesores en la Facultad de Ciencias, le fueron encaminando hacia la ciencia. Se decidió por la ingeniera industrial porque reunía las matemáticas, la física y también la creatividad para desarrollar su afición innata por construir. Y fue solo en su último año de carrera cuando pudo acercarse a la robótica y ahí se quedó prendada. Se apuntó como becaria en el CSIC, en un grupo que estaba desarrollando investigación en robots caminantes, el germen de todo lo que vendría después.

Se fue a estudiar fuera, a Estados Unidos y a Francia, para ver qué se estaba cociendo por el mundo sobre la experimentación de sistemas robóticos. Se doctoró en Ingeniería Industrial y trabaja actualmente como científica titular en el Centro de Automática y Robótica en el CSIC (CAR). Comenzó a encaminar su carrera hacia la investigación robótica con fines industriales, siguiendo los pasos del precursor de robots caminantes Marc Raibert, su profesor y referente a quien conoció siendo estudiante en Estados Unidos en el Massachussets Institute of Technology (MIT) (echa un vistazo a sus creaciones en este link. Impresiona ver la agilidad de sus artefactos capaces de readaptarse a contingencias).

Pero un buen día de 2009 se cruzó en su camino la pequeña Daniela, una niña con tetraplejia causada por un accidente de tráfico. Sus padres le contactaron por si podía ayudar de algún modo a su hija por entonces con 6 años. Elena vio que sí que podía hacer algo, pues estaba ya trabajando con exsoesqueletos capaces de ampliar la potencia humana en la industria. Entendió la necesidad social que había y asumió el reto. Readaptó su especialización y se embarcó en una nueva aventura: el diseño y la construcción de un armazón con capacidad para sujetar, adaptarse y ayudar a caminar a una niña pequeña.

Y la aventura le ha dado sus frutos, grandes y jugosos frutos. Elena García ha conseguido, junto a su pequeño equipo de investigadores y con la ayuda de colaboradores externos de diferentes disciplinas, una de las proezas en robótica a nivel mundial, el ATLAS 2020, el primer artilugio al servicio de niños con enfermedades neuromusculares degenarativas capaz de imitar el funcionamiento natural del músculo. Un exesqueleto biónico que permite a los niños erguirse y caminar en su vida cotidiana. Es una especie de armazón motorizado que sustenta desde el tronco hasta los pies, capaz de devolver la capacidad de andar para paliar así los efectos secundarios de la enfermedad. El levantarse de la silla de ruedas y echar a andar favorece el desarrollo corporal, el incremento de su masa muscular, un esqueleto enderezado, una buena función respiratoria y una mayor esperanza de vida. Y, qué duda cabe, que crea a los pequeños un sentimiento de satisfacción y una motivación inmensa.

En el mercado ya existían exoesqueletos para adultos parapléjicos, pero no adaptados a los niños. La novedad de este exesqueleto es que viene equipado con unas articulaciones especiales que imitan el funcionamiento del músculo natural, es capaz de reaccionar a la intención de movimiento del niño, detectando la rigidez de las articulaciones del cuerpo, según el grado y tipo de degeneración y, además, se adapta al crecimiento. El niño decide el movimiento, el robot lo interpreta y le permite realizar la acción.

Daniela ha sido su primera paciente con quien ha estado probando el prototipo y tras tres años de prueba y error ha conseguido caminar, primero con ayuda de muletas y después sin ellas. El robot está ya en una fase muy avanzada, pero siguen trabajando en mantener la estabilidad ante cualquier posible perturbación como tropiezos, caídas o movimientos indeseados o espasmódicos. No se pueden permitir que falle. Y en ello están.

ATLAS 2020 tiene que respetar todos los requisitos de seguridad y la certificación de producto sanitario para que se pueda comercializar y eso cuesta tiempo y mucho dinero. Conseguir financiación se ha convertido en su gran caballo de batalla. El primer prototipo se cubrió con fondos públicos, pero la seguridad social no cubre este tipo de dispositivos para su uso. Lanzaron una campaña de crowdfunding (quien más ha participado han sido personas entre 35 y 55 años, 70% mujeres) para que fuera la sociedad misma la que participara en su financiación y están trabajando con obra social de empresas para seguir investigando y conseguir que todos los niños lo utilicen. «En España, dice Elena, los gobiernos no se invierten en nada fundamental ni en educación ni en salud ni en transferencia de los resultados de las investigaciones a la sociedad. Se invierte en otras cosas. Está siendo muy difícil sacar este proyecto adelante. Hay muchísimas patologías que abordar y, para eso, necesitamos financiar nuevos proyectos de investigación». Su objetivo final es construir un exoesqueleto completo adaptado a las diferentes disfunciones. Y están trabajando también en otro robot que asegura la estabilidad a adultos con ictus o con esclerosis múltiple que sufren problemas en su marcha.

Por eso decidió crear Marsi Bionics en 2013, para trasladar su ciencia a la empresa y hacer todo lo posible en dar salida comercial a sus investigaciones. Es de los pocos investigadores que han creado empresa. Para ello, se forma como empresaria con ayuda de la Comunidad de Madrid y la Escuela de Negocios (IE Business School), y funda, junto al economista José Ignacio Barraqué, la startup de base tecnológica Marsi Bionics, que utiliza de cuartel de base de operaciones y de plataforma desde donde poder dar salida sus investigaciones. «Carecemos de una industria dispuesta a financiar este tipo de aplicaciones robóticas. Así que sólo me quedaron dos opciones para seguir adelante: o dejar morir la investigación y dedicarme a otra cosa, o tomármelo como algo personal, que es lo que al final hice. Han sido cinco años muy duros.» En una entrevista publicada por el CSIC, la investigadora lamentaba ese punto de vista centrado únicamente en el dinero que lastra muchos avances científicos: “¿Por qué siempre tenemos que pensar en el aspecto económico, en el retorno, en el beneficio? Estamos hablando de salud pública, de nuestros niños y de una tecnología española. Siempre compramos la tecnología a otros países y cuando la tenemos aquí, no la apoyamos”.

Elena García es muy consciente del gran esfuerzo empleado en su labor de investigación, por eso considera fundamental tener las ideas muy claras sobre cuáles son los objetivos, es lo que le hace a uno superar los sacrificios que se presentan por el camino, como la falta de tiempo personal, de sueño y de recursos económicos para llevar a cabo una meta.

El futuro lo visualiza con artilugios electrónicos dentro del cuerpo que nos puedan ayudar. Elena está empeñada en hacernos entender que no hay razón para desconfiar de la robótica. Este es otro de sus propósitos, la labor divulgativa. Hemos crecido con un cine de ciencia ficción que se ha encargado de transmitirnos temor hacia el mundo de los robots, pero cuenta Elena García que en su parcela, dedicada a la investigación social, los robots son todo menos amenazantes. Están al servicio de las personas y son capaces, gracias a la intervención de investigadores en campos tan heterogéneos como la fisoterapea, la medicina, la psicóloga y la ingeniería industrial y mecánica, conseguir unas mejoras increíbles en la salud y la calidad de vida de las personas. En 2015 publicó el libro Robots. Al servicio del ser humano para hacernos ver las grandes posibilidades de la robótica aplicada a la salud.

«Hay mucha confusión entre robótica e inteligencia artificial, explica en una entrevista para El Mundo. La robótica es el hardware, la máquina, y la inteligencia artificial es el software, el programa, lo que es el cerebro. Cuando la inteligencia se incorpora al robot, tenemos robots inteligentes. ¿Puede una máquina ser más inteligente que una persona? Depende de lo que tú llames inteligencia. Si para ti es la capacidad de computación, sí. Cualquier máquina va a calcular mucho más rápido que un humano. ¿Es ésa la inteligencia humana? No. El psicólogo Howard Gardner desarrolló la teoría de las inteligencias múltiples y definió que nuestro cerebro tiene dos hemisferios: uno es lógico-matemático y otro, emocional y creativo. El segundo procesa muchas más instrucciones que el primero y es la clave de la supremacía y la evolución humana. (…) Para poder implementar en un robot una cualidad humana, primero tenemos que entenderla y, luego, modelarla matemáticamente y pasar los datos a un algoritmo. Después, hay que programarlo en una máquina para que ejecute las órdenes con una serie de elementos electromecánicos. La base inicial es entender y, hoy en día, no sabemos cómo funciona nuestro cerebro emocional.» «El 85% de la inteligencia humana procede de las emociones, algo que nunca tendrán los robots», añade en una entrevista para la revista ctxt.

Ha recibido muchos reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos, la Medalla de Oro de Madrid 2018, el Premio Mujeres a Seguir 2017, el 2º Premio del UAE AI and Robotics Awards for Good 2017 (considerado los Oscars de la Robótica con fines sociales), el Premio CEPYME al Mejor Proyecto Emprendedor 2015, la Mejor Idea Empresarial de Base Tecnológica de la Comunidad de Madrid 2014 y el 2º Premio del foro Europeo de Robótica 2014.

Pero lo que realmente desean, Elena y su equipo, es un apoyo público y por parte del sector industrial para aplicar cuanto antes el exoesqueleto a los niños que lo necesitan ya. En España hay 120.000 niños con patologías de pérdida muscular y capacidad de marcha. No hay tiempo que perder.

Si quieres donar dinero para que sus investigaciones puedan seguir desarrollándose y comercializarse, puedes hacerlo aquí.

El exoesqueleto ATLAS 2020 de Marsi Bionics, 2018.

Uno de los niños que están probando el exoesqueleto ATLAS 2020.

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