El primer legado de la Fundación Norman Foster

por | 15 Mar, 2018 | CULTURA, NOS GUSTA | 0 Comentarios

render del Dronport de Ruanda, 2016. Foto: ©Norman Foster Foundation

El primer proyecto de la Norman Foster Foundation, con sede en Madrid, es un aeropuerto de drones en Ruanda para la distribución de medicamentos y otras necesidades a lugares de difícil acceso. Será el primero de una red de puertos proyectada para cubrir zonas sin infraestructuras en el país. El arquitecto Norman Foster, coautor del diseño del segundo aeropuerto más grande del mundo, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y del primer puerto espacial en el desierto de Nuevo México, trabaja ahora en el aeropuerto más pequeño del mundo. Su objetivo es ponerse al servicio de la salud, que es la primera tuerca del engranaje del complejo proceso de evolución y progreso de cualquier sociedad.

El prototipo del Dronport se presentó en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016, y queda expuesto permanentemente en el Arsenale de la ciudad. El concepto fue idea de Jonathan Ledgard, periodista y pensador líder en tecnología punta en zonas de economía emergentes, que lo desarrolló en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), en Suiza. La idea era hacer converger la tecnología más avanzada de los drones, reconvirtiendo su primaria utilidad militar en un uso humanitario, aprovechando el bajo coste y la agilidad del transporte. Una idea pionera que se está proyectando en África, pero que se prevé que formará también parte de nuestro paisaje en un futuro próximo. De hecho las compañías Amazon y 7-Eleven ya están experimentando con la distribución de sus productos comerciales.

Se lo propuso a Norman Foster, con quien ya había mantenido alguna conversación sobre el interés mutuo en la proyección de una arquitectura que favoreciera a los países en desarrollo, por su experiencia del arquitecto en el diseño de aeropuertos y por sus conocimientos como piloto de planeadores.

El objetivo es que su construcción y la evolución de su estructura se haga con materiales y con constructores locales, para que sea sostenible y sean los propios locales los que puedan ir adaptándolo a sus necesidades. Se pretende dejar un legado que va más allá del edificio porque se convertirá además en centro de construcción de drones.

El prototipo en el Arsenale de Venecia fue obra de La Norman Foster Foundation, responsable de llevar el proyecto, que lo consiguió asociándose con la Fundación LafargeHolcim con el compromiso de profesores y alumnos del MIT de Cambridge, Massachusetts, la ETH de Zúrich, la EPFL de Lausana, la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad de Cambridge en Reino Unido. La construcción en Ruanda se llevará a cabo con el apoyo económico del gobierno de Ruanda.

El servicio de drones para ayuda sanitaria ya existe en Ruanda, desde que la compañía Zipline, con sede en Silicon Valley (EEUU), comenzó a operar en este país en 2016 para la entrega de productos sanguíneos. Ha conseguido cubrir su distribución a escala nacional y cuenta con expandirse a Tanzania este año con una nueva flota de aeronaves no tripuladas capaces de transportar dos kilogramos de carga y de recorrer 160 kilómetros ida y vuelta. Esta vez, además de sangre, distribuirán medicamentos como vacunas antirrábicas de emergencia, medicamentos para tratar el VIH, la tuberculosis y la malaria. No cuentan con una red de puertos como la que pretende crear la Fundación Norman Foster, sino con bases de lanzamiento rudimentarias instaladas cerca de centros sanitarios, desde donde catapultan los drones a los diferentes destinos.

The Norman Foster Foundation – sobre la construcción del proptotipo Dronport, 2016.

Norman Foster presentando el Droneport en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016 – Norman Foster Foundation.

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