I… Ain’t got nobody…. se quejaba Louis Prima

por | 14 May, 2018 | BLOG | 1 Comentario

Sociedad posmoderna (Ed. Planeta), autora Idalia Candelas

Esta canción popular de finales de los años 20 la guardo en el baúl de mis grandes momentos. Hace unos cuantos años, haciendo el Camino de Santiago, pasando la tarde en uno albergue de León, un chico vestido con una chaqueta roja y un pañuelo en la solapa, se levantó de pronto y se puso a interpretar la canción. Fue una imagen surrealista y maravillosa. Ahí casi todos andábamos solos y nos animó la tarde.

Voy a lanzarme a hablar del sentimiento de la soledad. Ese bicho que tanto asusta y que a mí, sin embargo, me parece una gran cosa. Lo saco a relucir porque es un tema que siempre me ha intrigado. Uno de los grandes lujos de la vida para servidora es estar conmigo misma y mucho en silencio. Me inquietan muchas cosas, pero eso me produce placer. Quizá sea rara o quizá tenga esa gran suerte o quizá es que no he llegado a conocer realmente lo que es estar solo porque en la vida que llevamos raramente está una sola.

Escuché hace unos días en la radio que la soledad inquieta tanto en el Reino Unido que se ha convertido en un asunto de Estado, y la primera ministra británica Theresa May, ha creado el Ministry for Loneliness (Ministerio de la Soledad). Hace poco hicimos referencia al documental de la escocesa Sue Bourne, The Age of Loneliness, que trata justo eso, la epidemia de la soledad en la sociedad británica. Pero este es un problema que también alcanza a los gobiernos de Japón, de EE. UU., y de los países nórdicos.

Y en lo que nos toca, según el estudio La Soledad en España, realizado en 2015 y promovido por Fundación AXA y Fundación ONCE, uno de cada diez españoles —algo más de cuatro millones— asegura haberse sentido solo con mucha frecuencia en el último año. El informe abordaba ,por primera vez, el fenómeno de la soledad desde una perspectiva subjetiva, analizando las circunstancias individuales, el contexto social y el número de las personas que experimentan puntual o regularmente un sentimiento de soledad. Cada vez hay más personas que viven solas en España. Según datos del INE, en el 25,2% de los hogares las personas habitan sin compañía, y el porcentaje va en aumento. Pero también va en aumento el porcentaje de personas que comparten pisos por un tema de necesidad económica y también por el gusto de estar acompañadas. Según un informe del portal de alquileres Pisos.com, el perfil de los nuevos inquilinos es: mujer de entre 26 y 60 años que comparte piso en Madrid, Barcelona y Sevilla. Desde que empezaron a hacer estos estudios en 2010, la edad sube y el perfil es más femenino. En la sociedad posmoderna la tendencia a nivel global es compartir vivienda entre gente que no está emparentada, y es una buenísima solución de cara a la jubilación, tengas o no pareja. En este post te lo contamos.

Aunque cada vez hay más gente que vive sin pareja, los grandes afectados por la soledad involuntaria a nivel global son los más mayores, y comienza a ser también alarmante el nuevo fenómeno del aislamiento por la hiperconectividad digital entre los jóvenes, que está en fase de observación y el panorama no pinta nada bien.

Pero mi intención no es hablar sobre la soledad impuesta por un aislamiento social, por la desconexión con la gente que nos rodea. Me refiero a otro tipo de soledad, el no saber qué hacer consigo mismo, a esa dependencia absoluta del otro para  sentirse realizado. A esta soledad también se le tiene miedo. Y me pregunto por qué no hemos aprendido a gestionarla como parte de nuestra condición humana, más que temerla habría que aprender a disfrutarla, utilizarla como un recurso que nos permitiese romper con el ruido de fuera y que proporciona libertad.

En una entrevista de El País Semanal la escritora británica Olivia Laing, autora de La ciudad solitaria, reclama el derecho a expresar el sentimiento de la soledad sin arriesgarse al rechazo social que produce la gente sola – especialmente las mujeres, que están todavía marcadas por una cierta sensación de fracaso (cuando a una le preguntan por su pareja o sus hijos, es habitual que la respuesta vaya seguida de un silencio incómodo). Y reclama también la necesidad de normalizar la soledad como una experiencia más, puesto que es inevitable, según la autora, encontrarse solo en algún momento de la vida. Cuenta que el primer estudio científico, On loneliness, sobre la soledad data de 1959 y su autora fue la psicoanalista Frida Fromm-Reichmann, hasta entonces nadie se había atrevido a analizarla, ni siquiera su coetáneo el padre del psicoanálisis Sigmund Freud.

Mientras nos hemos ido haciendo mayores, nos hemos encontrado infinidad de mujeres solas. Vivimos solas y no conocemos pareja estable porque no se ha dado el caso (nada que ver con el tipo de vida que proyectábamos de pequeñas). Y una se da cuenta de que no se está tan mal sola. Vamos que no se está nada mal. Vivir a tus anchas tiene sus ventajas. Si no, que se lo pregunten a la ilustradora mejicana Idalia Candelas, que enumera en su libro Soledad posmoderna (Ed. Planeta) la cantidad de momentos que una no sacrificaría facilmente por vivir en pareja. Es un nuevo fenómeno social que incluye a un montón de mujeres muy diferentes entre sí. Y como a las mujeres no les suele frenar nada, pues siguen viviendo, divirtiéndose, conociendo a otras personas y consumiendo a sus anchas.  Las circunstancias han cambiado y toca readaptarse.

Las agencias de viajes se han dado cuenta y ya comienzan a vender como habitual viajes para mujeres en grupo o en solitario. Una de nuestras primeras mujeres entrevistadas para On the 50 Road, Alice Fauveau, supo ver pronto y comprender esa necesidad que no estaba cubierta y montó Focus on Women, la primera agencia de viajes de mujeres en España y uno de sus grandes reclamos está dirigido a las Viajeras que se apuntan solas. También están emergiendo como champiñones las propuestas de reuniones organizadas por y para mujeres (porque a los hombres no se apuntan a nada), es un gancho enormemente seductor asistir con la expectativa de descubrir gente nueva. Una de las cosas buenísimas de la vida es que siempre se sigue conociendo personas con las que congeniar. Y cuando una asiste sola hay muchas más probabilidades de que eso ocurra.

Hay infinidad de personajes solitarios literarios, cinematográficos y artistas de carne y hueso que les envuelve un halo de sofisticación (principalmente si el personaje en cuestión es masculino), pero llevar una vida más solitaria en la vida real, es decir, sin pareja, es simplemente otra forma de ser. Ni mejor ni peor que la convencional. Y para estar sola, lo que se dice sola, con la cantidad de estímulos que hay ahí fuera, una se lo tiene que proponer a conciencia. Por eso, cuando llega esa sensación de soledad, la toma de conciencia de nuestra propia y única compañía, lo mejor es apreciarla. Y cuando entra desazón, dejarla pasar. Y ni que decir tiene que saberse bien rodeada de amigos y familia es un antídoto infalible.

Louis Prima junto a su mujer Keely Smith interpretando Just a Gigolo & I Ain’t Go Nobody, 1959

1 Comentario

  1. loreto

    Como me gusta leer tus artículos. Siempre inspiradores.

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