La artista María Gimeno completa la obra culmen de Gombrich

por | 19 Oct, 2018 | PERSONAS | 1 Comentario

María Gimeno en su taller

Cuando la artista plástica María Gimeno era estudiante hace 25 años, en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, uno de sus libros de cabecera era La Historia del Arte (The Story of Art, 1950) del austriaco Ernst Gombrich, la obra “culmen” de iniciación a la historia del arte, que abarca desde la prehistoria al siglo XX. Un best seller internacional, traducido a más de 30 idiomas. Ha sido y es el libro de referencia de millones de estudiantes en todo el mundo (la editorial de lujo PHAIDON acaba de reeditarlo), y resulta que en ninguna de sus 688 páginas, cada una de ellas dedicada a un artista relevante, aparece una sola mujer artista. En ninguna. Perdón, no es exacto. Dieciséis años más tarde de su primera publicación, el editor del libro pide a Gombrich que complete el siglo XX y decide incluir a la expresionista alemana Käthe Kollwitz, como única mujer artista meritoria de formar parte de su historia. Cuando se le preguntó a qué se debía la ausencia de mujeres artistas en su libro, contestó que no consideraba que hubiese ninguna mujer creadora que hubiera contribuido a los progresos de la historia del arte. Así de contundente se manifestaba.

A María Gimeno estudiante no se le ocurrió, mientras repasaba sus páginas una y otra vez, que ahí pasaba algo raro. Lo asumía inconscientemente. “He reflexionado sobre por qué, siendo estudiante, no me di cuenta de esta ausencia, pienso que es fruto de la educación que recibí a través de los libros, donde la mujer estaba simplemente invisibilizada, y como me educaron en plena igualdad con mis hermanos y en mi familia se consideraba el feminismo como algo innecesario y obsoleto, pues no me cuestioné más. Y me parece chocante. No me preguntaba entonces por qué no teníamos mujeres artistas referentes. Me parecía lo normal. Es algo maquiavélico. Incluso en clase de arte, había que pintar como un hombre, simplemente porque eran nuestras únicas referencias. Hemos tenido tan interiorizado que el mundo del arte era principalmente masculino y la forma de pensar masculinizada está tan dentro de nuestro ADN, que ni siquiera la cuestionamos”.

Por eso, ahora como artista siente la necesidad de posicionarse, interesándose por el papel de la mujer en las sociedades del siglo XXI. Se sirve de la instalación, la performance, el dibujo, el bordado y la escultura para canalizar su sentimiento de justicia social y reivindicar el silencio más o menos intenso que sufren las mujeres en el mundo. Busca provocar la reflexión a través de su arte.

Una de sus últimas obras “Queridas Viejas“, una performance en construcción que comenzó a dar forma en 2014, pretende enmendar la ausencia de mujeres artistas en su antigua fuente académica, La Historia del Arte. “Fue el libro Old Mistresses: Women, Art and Ideology (1981) de Griselda PollockRozsika Parker el que me hizo ver la luz y entrar en shock. En un momento del libro Parker se pregunta: “¿Cómo puede ser que los historiadores de arte más populares del s. XX no incluyeran a ninguna mujer artista en sus textos, como por ejemplo Gombrich en su libro La Historia del Arte?“. Old Mistresses ha sido el germen de su obra y lo deja patente a través del nombre que ha dado a su proyecto: Queridas Viejas. “Introduje Old Mistresses en el traductor de Google, nos cuenta, y el resultado fue “Queridas Viejas””. Así surgió la idea de abarcar una obra tan extensa como la de su autor inicial.

Desde entonces, cuchillo en mano y enfundada en un traje de corte masculino, va recorriendo universidades, galerías y teatros haciendo hueco a creadoras artistas entre las páginas del libro de Gombrich. Por cada hombre artista reconocido por haber logrado una evolución en la historia del arte, una mujer artista coetánea, pionera, rompedora y creadora de un nuevo estilo, que ha dejado también su huella en el curso de la historia de arte mundial. Es su forma artística de alcanzar la versión completa de La Historia del Arte. Lo hace “desde el respeto”, comenta María, consciente del valor de la obra de Gombrich, pero con el afán y la necesidad de poner las cosas en su sitioCreadoras y creadores, por fin, a la par.

Nos recibe en su taller, en el casco histórico de Madrid, con las paredes empapeladas de todas estas nuevas páginas, fruto de una labor de investigación, que recorre desde la Edad Media hasta nuestros días y que tiene la intención de quedar recopiladas en un libro.  El trabajo es arduo en cuanto a la investigación y también en la forma de introducir a las artistas outsiders que permanecían fuera de los cánones establecidos, aunque ellas siguiesen creando en sus casas, por el placer y la necesidad de expresarse artísticamente con los medios y la temática que podían representar. Aprendían en lugares privados porque estaban vetadas de los espacios consagrados a la creación donde se generaba el discurso de las corrientes artísticas, “el gran arte”, como las academias a partir del s. XVII. Sus lugares se reducían a los monasterios, a los talleres de sus padres como aprendices, o, si tenían suerte y eran nobles, podían trabajar y hacer alarde de sus obras porque tener virtudes artísticas estaba bien visto, pero siempre de puertas adentro. Y una no puede dejar de preguntarse: si la obra de muchas de estas artistas es de una calidad incuestionable, a pesar de las constricciones, ¿a dónde hubieran llegado si hubiesen tenido las mismas oportunidades que sus colegas masculinos?, ¿si hubiesen gozado de los espacios abiertos, del intercambio de conversaciones, de la libertad de expresión y del reconocimiento del que gozaban ellos?.

Para que sus páginas encajen sin tropiezos en la nueva edición del libro, María se deja guiar por los momentos históricos y las zonas geográficas de mayor concentración artística y, a partir del siglo XX, atiende a los movimientos artísticos que fueron surgiendo. Sus fuentes de información son las historiadoras del arte, que en los años 70 comenzaron a reivindicar la falta de visibilidad de la obra de las  mujeres artistas en museos, galerías, revistas especializadas, libros y medios de comunicación. Pero mucho antes estaba la italiana Christine de Pizán (s. XIV-XV) filósofa, poeta humanista y la primera escritora profesional de la historia, considerada por algunas autoras como precursora del feminismo occidental. Pizán se sitúa en el inicio de la llamada querella de las mujeres, un debate literario surgido en torno a la situación de las mujeres y su defensa frente a la situación de subordinación que marcaba la época. A través de todas ellas, María va encontrando artistas cuya autoría está reconocida a partir del s.X.  Su primera página insertada figura en el capítulo VIII de la obra de Gombrich, que corresponde a la Alta Edad Media, dedicada a la miniaturista Ende, la primera pintora europea conocida, nacida en Zamora, que ilustra el Beato de Gerona.

Queridas Viejas sigue alimentándose de nuevas artistas, y cuando María Gimeno sienta que su misión está cumplida, todas ellas compartirán su espacio encuadernado en una nueva edición de la historia del arte. Ahora sí.

En este link puedes conocer la carrera artística de María Gimeno.

1 Comentario

  1. Marta lorca

    Una obra seria, contundente y necesaria. Una artista grande como su obra.

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