La edad perfecta para comenzar una carrera profesional

por | 5 Sep, 2018 | BLOG | 0 Comentarios

… es allá por los 40, cuando uno tiene a los hijos criados y comienza a respirar. Esta es una declaración de la psicóloga e investigadora Laura Carstensen, fundadora y directora del Stanford Center on Longevity de la Universidad de Stanford, que se dedica a explorar formas socioemocionales innovadoras para favorecer, desde las instituciones, el bienestar de las personas con una esperanza de vida mayor.

Su conclusión es que nos hemos organizado mal la vida. Y estos son sus argumentos:-

*No deberíamos dedicar la mayor energía en el trabajo durante la crianza de nuestros hijos. Es una proeza compatibilizar trabajo e hijos cuando son absolutamente dependientes. Una que no tiene hijos lo observa como un acto de esfuerzo asombroso. Hace poco me comentaba un colega de trabajo, con 4 hijas de edades de 16 a 4 años, que está en un momento de su vida en el que le consume más tiempo y energía gestionar las necesidades de sus cuatro hijas que el trabajo en sí, y no es un trabajo nada relajado.

Tanta sobrecarga laboral se debe a que el período de promociones en las carreras profesionales se suele centrar justo ahí en la década de los 30-principios de los 40. En ese momento que tienes que poner en la balanza carrera personal o implicación en el hogar o morir en el intento. Una época de trabajo con jornadas que no acaban: en el trabajo y de vuelta en casa (servicio de chofer de recogidas y llevadas, reuniones escolares, médicos, deberes, comidas,…) y probablemente desencuentros con la pareja. Puede resultar un cóctel molotov que ha inspirado hasta a Walt Disney con su última película, unos superhéroes con problemas muy de estar por casa, Los Increíbles2.

Si la relevancia de la vida profesional tuviera mayor continuidad en el tiempo la energía dedicada al trabajo iría más aliviada de peso. A día de hoy con 40 años tenemos una esperanza de vida laboral de 25 a 35 años más. “¿Entonces por qué estamos obligados a concentrar de forma frenética el gran esfuerzo laboral y familiar en un  período de tiempo tan reducido?”, se pregunta Carstensen.

*Habría que desconectar cada cierto tiempo. Uno puede comenzar a trabajar a los veintitantos de seguido hasta jubilarse. Son muy pocos los que deciden coger un tiempo sabático, para romper con la rutina, con los compañeros, con la vida de todos los días y dedicarse a ver otras cosas, otros mundos aunque no salga de su ciudad. Hay que refrescarse. Nos dejamos llevar porque a ver quién se atreve o puede permitirse un tiempo suficiente para despejarse, para seguir aprendiendo, para pensar y proyectar qué queremos hacer realmente con el resto de nuestras vidas y para ocuparse de quehaceres que nada tiene que ver con el trabajo. Y por no hacerlo vamos fabricando una bola cada vez más grande que se alimenta del deseo frustrante e incontrolable de desaparecer de ese trabajo. Debería de ser algo normal y deberíamos de estar preparados económicamente para poder hacerlo. Cada tantos años un descanso de un período largo.

 

*Habría que rediseñar la vida profesional. Según los sociólogos el trazo de vida laboral tiene forma cuadrada, pasamos de no trabajar (o tener un trabajo temporal para contar con un pequeño presupuesto) a sumergirnos en un trabajo a jornada completa durante 40 años. Y cuando llega la jubilación uno se retira de forma abrupta. Según Carstensen, deberíamos comenzar la vida laboral a los 20 y 30 años con un trabajo a tiempo parcial o flexible y continuar con nuestra educación, y al acercarse la jubilación volver a un trabajo más flexible, que nos permita seguir en el mercado laboral más tiempo. Deberíamos de reconsiderar una forma más fluida de la vida laboral, sin traumas ni costes humanos (los infartos, el estrés y la depresión son factores a tener muy en cuenta a nivel individual y estatal).

Hace unos meses El País entrevistó a Matthew Taylor, político británico y actual presidente de la ONG Royal Society of Arts (cuyo fin es encontrar soluciones prácticas a los retos de nuestras sociedades), acerca de su percepción sobre el futuro laboral -el año pasado se publicó el informe Buen Trabajo (2017), que el Gobierno británico le encargó para prevenir y abordar las nuevas tendencias de trabajo como la precariedad de los empleos ligados a las plataformas digitales y la perdida del poder adquisitivo de la clase media-. Contaba, en la entrevista, como el trabajo va a ser más diverso, con más salidas y entradas, más posibilidades de cambiar de ocupación y más zonas grises como jubilados que aprovechan su tiempo de retiro para ensayar nuevas actividades. “Ha cambiado el modelo de formarse en la juventud, trabajar en la edad adulta y descansar pasados los 65. Todas esas fases estarán más mezcladas”.

 

Alargar una esperanza de vida más productiva desde el punto de vista laboral supondría para las generaciones mayores seguir ganando dinero, cotizando en la seguridad social y teniendo un propósito en su vida (sé que aquí muchos dirán: a mí se me ocurren muchos otros propósitos, pero a veces no es tan evidente que uno quiera desligarse de golpe de su trabajo o lo pueda permitir económicamente, teniendo en cuenta la longevidad que se estira, y, además, resulta muy beneficioso para mantenerse activo mentalmente). Muchas empresas son conscientes de que con las prejubilaciones y jubilaciones pierden una fuerza laboral nada desdeñable: con experiencia, sabiduría, emocionalmente más estable y que acata las reglas. Deberían comenzar a asimilar esta fuerza de trabajo a tiempo parcial o flexible. Y el Estado debería favorecer esta práctica con ventajas fiscales, por ejemplo. Me estoy acordando de la película El Becario con Robert de Niro, en la que un hombre viudo y jubilado, se reincorpora a un trabajo en prácticas para llenar su vacío y revoluciona un negocio online dedicado al mundo de la moda, volviéndose indispensable y muy querido entre sus compañeros.

 

Pero la investigadora Carstensen sabe que estos cambios no están a la vuelta de la esquina, cualquier persona que se ponga a buscar un trabajo a tiempo completo a los 40 sin un curriculum profesional que avale su experiencia de nada servirá, aunque su curriculum vitae esté repleto de experiencias interesantes. Teniendo en cuenta, además, que los 40 es la edad horribilis para encontrar un nuevo trabajo por cuenta ajena. Y el coste de vida para los jóvenes de 20 y 30 años sin un trabajo estable hoy por hoy no es asumible.

Aun así es un tema social que merece ponerse sobre la mesa a nivel político porque una de las razones de peso para que nazcan muchos menos niños es que el nivel de trabajo no es compatible con el buen funcionamiento de un hogar.

Los Increíbles 2, 2018

 

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