La guerra no tiene rostro de mujer

por | 28 Oct, 2017 | LECTURAS, NOS GUSTA | 0 Comentarios

La escritora y periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich​, Premio Nobel de Literatura 2015, publicó también en 2015 La guerra no tiene rostro de mujer (Editorial Debate), una recopilación de testimonios de las mujeres soviéticas que participaron en la II Guerra Mundial contra los nazis como francotiradoras, zapadoras, cirujanas, enfermeras, telegrafistas, lavanderas, conductoras de tanques… Muchas de ellas entonces niñas de dieciséis años que estaban tan concienciadas por las campañas de propaganda de Stalin que llegaban a ver como algo excitante alistarse para formar parte del Ejército Rojo y contribuir en la consecución de la Victoria. Fueron casi un millón de mujeres, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas.

Según cuenta Svetlana Alexiévich, le costó muchísimo convencerlas para que hablasen de sus impresiones, de lo que habían vivido y sentido hace 40 años en un mundo tan masculino y tan violento, y fue el decirlas que sus testimonios servirían para mostrar a las generaciones más jóvenes los horrores de la guerra, lo que les impulsó a hablar. Lo que cuentan es conmovedor: se palpa el frío y el hambre, el horror de aprender a matar y de verse rodadas de muerte y de cuerpos mutilados, la soledad y el desarraigo, el odio y el compañerismo, las ganas de llevar ropa interior femenina, de ponerse vestidos y de maquillarse, que no se reñía con el instinto de supervivencia… contado todo desde una perspectiva humana.

Las entrevistas las realizó entre 1980 y 1982. El libro se publicó por primera vez en 1985 con muchas de los testimonios censurados. Pudo reescribirlo en 2002 para introducir los fragmentos tachados por la censura y material que no se había atrevido a usar en la primera versión. Y en esta última edición se incluye sus conversaciones con los censores.

  • HISTÓRICO 100%
  • TESTIMONIAL 100%
  • DIVULGATIVO 90%
  • INNOVADOR 70%

“Durante la guerra me enamoré tanto de la gente que ya no podré dejar de amarla nunca…”

“… Abrí la polvera y aquel olor a polvos, en plena, noche, cuando alrededor solo había disparos… Era algo tan…Incluso ahora se me llenan los ojos de lágrimas… El olor a polvos, la tapa de nácar… Un bebé… Una niña… cosas tan de casa, de la vida real de una mujer…”

 

Vera Grigórievna Sedova, integrante de un grupo clandestino y Anna Nikoláievna Jrolóvich, enfermera

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