María, que no se te olvide….

por | 3 Sep, 2018 | CULTURA, LUGARES, NOS GUSTA | 4 Comentarios

 

María que no se te olviden los delfines, las tortugas, las jirafas, y las ballenas a lo lejos; Andar por la playa sorteando pepinos marinos; Navegar saltando sobre las olas hacia la isla deshabitada de los portugueses (Sta. Carolina); Andar perdidas por una pista de aterrizaje abandonada; El hotel de Tofo frente a esa playa salvaje. No te olvides del abrazo de la anciana por 100MT, ni del jazz africano con hombres y mujeres tan guapos. Ni te olvides, por supuesto, de Miguel y su entrañable despedida. El taxista gruñón, y el sol poniéndose desde el Dhow Café. Los edificios de Maputo, los pescadores en la playa, las mujeres comprando pescado y los niños con el balón y los pescaitos en la mano. La cena con langosta y cangrejos mientras tocaban música improvisada. Ni tu amor inglés en un día lluvioso. Y el ferry al atardecer hacia Maputo sonando la música de Titanic, mientras unas chicas bailaban. Dormir bajo una mosquitera y despertar las tres juntas todos los días. Que volvemos ya a nuestra vida real y parecerá que nunca estuvimos en África”.

Este mensaje me lo envió hace unos días mi amiga Ana con quien he viajado en verano a Mozambique. Lo comparto porque me conmovió y porque me pareció que el viaje había sido eso, brochazos de personas, lugares y momentos, que se nos han quedado dentro.

Mis dos compañeras de viaje venían de pasar unos días en Isla Mozambique, Beira y el Parque Nacional de Gorongosa y nos encontramos en Maputo. De allí a Tofo y Vilanculos, donde pasamos unos cuantos días. De vuelta a Maputo, bajamos a Ponta do Ouro, a través de la reserva de Maputo (donde tuvimos la suerte de dar con una familia de jirafas), una ciudad turística en el extremo de Mozambique de playas interminables que se estiran hasta Sudáfrica, y casas de madera apostadas milagrosamente sobre la colina mirando al mar y a las ballenas, que hacen de aquella playa un corredor por donde desplazarse de un lugar a otro. Nos quedamos con la pena de no haber subido al norte, a Pemba y a la pequeña isla de Ibo, que tanto le gustó a Ana hace quince años, pero no era el buen momento para hacerlo. Están pasando una nueva época de conflicto por el gas que se ha descubierto cerca de la frontera con Tanzania.

La gente es especialmente simpática y tranquila. Ha sido un país machado por las guerras, primero La Guerra de Independencia, de 1964 a 1975, y dos años más tarde estalla una  guerra civil que finalizó en 1992 y dejó el país plagado de minas antipersona. Lo tienen tan reciente y, sin embargo, parecen alegres. Uno de los grandes valores del país es, sin duda, su gente.

Estas fotos de la galería son rudimentarias, hechas con mi móvil sin más, pero si queréis disfrutar del viaje con fotos que dan gusto, echad un vistazo, dentro de unos días, en la web de Sara Janini, fotógrafa y compañera de viaje. Ha conseguido llevarse el alma de aquel lugar con una dosis de sensibilidad y otra de coraje, metiéndose, sin titubeos, allá donde no le llaman.

Os dejo unas sugerencias:

*En Maputo: el diseño en la arquitectura está muy presente en la ciudad, con influencia art decó y mucha huella portuguesa en los barrios residenciales y en los edificios mastodónticos de viviendas.

Malagueta Inn, un hotel de mochileros (backpacker) sin gran confort, pero que merece la pena solo por el placer de conocer a su dueño Miguel. Es un personaje mozambiqueño que disfrutamos enormemente y del que nos despedimos con tristeza. Salimos un par de veces por la noche con él y escucharle era un regalo.

El Piri Piri, pegado a Malagueta Inn, es un restaurante sin gracia con luz de neón donde van los locales a cenar su especialidad que es el pollo piri piri. Siempre está rebosante de gente. Algo tendrá aquel lugar o aquel pollo.

El Centro Cultural Franco-Mozambicano  y la Fundação Fernando Leite Couto, dos centros culturales muy activos donde organizan conciertos, charlas, presentaciones de escritores, etc. Dos oasis en la ciudad, geniales también para ir a comer o tomar algo tranquilamente.

La Feira de Artesanato, Flores e Gastronomica, financiada en su día por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), es el lugar para comprar artesanía. Tienen todo lo que encontrarás por cualquier otro lugar del país a buen precio. Ve con fuerzas para entrar en el juego de negociar precios. También es un espectáculo la exposición de plantas  a la venta. Los mozambiqueños son unos amantes de las plantas. Entre compra y compra puedes comer algo en cualquiera de sus bares.

Dhow café, el lugar de copas para dejarse ver y ver gente guapa, muy guapa. Situado frente al río con vistas espectaculares al atardecer. Precios europeos.

Todos los domingos a partir de las 19h, el bar-galería de arte, Núcleo de Arte, se convierte en el lugar de encuentro de gente de todos los colores, mujeres negras bellísimas, gente bailando blues, cerveza, muchos vaivenes, sonrisas y meneos y, sobre todo, muchas ganas de pasarlo bien. Es un show bellísimo, un lugar de encuentro excepcional, de los pocos que habrá por el mundo.

Associaçao dos músicos moçambicanos, no llegamos a ir, pero es otro de los lugares para no perderse con música local.

Excursión en barquito a Catembe, al otro lado del río. Es zona de residencia de muchos locales que trabajan en la ciudad y embarcadero de cruce de ferries. Por las tardes-noches se monta una fiesta de tenderetes y gente con ganas de relajarse. Totalmente local, tanto, que fui una tarde de excursión, recorrí 1 km, y di media vuelta para coger el barco de vuelta a Maputo. Fui sola y me dio impresión. Acompañada era otro mundo.

*En Tofo: Llegamos en autobús regular desde Maputo a Inhambane y allí cogimos una chopela hasta Tofo. Nos alojamos en Varanadas Do Indico, unos bungalows frente al Indico. Muy romántico. La ciudad es uno de los lugares para hacer submarinismo y avistamiento de ballenas. Nosotras no pudimos por el tiempo. Tiene mucha marcha nocturna.

*En Vilanculos: esta ciudad nos encantó, el tiempo pasaba lentamente y era una gozada dejarse llevar e ir descubriendo lugares según íbamos hablando con la gente. Merece la pena quedarse unos días paseando por la carretera de tierra que se extiende junto al mar, acudiendo al atardecer al espectáculo de los pescadores que tiene lugar en la playa, tomando algo aquí y allá y haciendo excursiones a islas sin un alma (a excepción de algún resort de lujo que solo divisamos alejándonos en el barco): Benguerra (la isla de los cangrejos, donde por un lado la playa es una balsa de azul turquesa y por el otro, a poquísima distancia, el mar se vuelve gris y removido por las olas), Bazaruto (un paisaje desértico de grandes dunas y a sus pies un dibujo de aguas verdes y azules entremezcladas, impresionante) y Santa Carolina (con restos de edificios de los portugueses comidos por la vegetación, entre ellos el gran hotel de los años 20, que tienen intención de restaurar).

Nos alojamos en Palmeiras Lodge, muy agradable: bungalows tranquilos con jardín, pegados al mar y céntrico. Excursiones a las islas del archipiélago Bazaruto con Sailfish Dhow Safaris, que funcionó muy bien.

Hay varios lugares para locales donde ir a comer, el Leopoldina´s, por ejemplo, al que nos llevó el chef que nos acompañó en una de las excursiones, y también dentro del mercado; incluso te puedes encontrar con un espontáneo en la playa que proponga organizar una comida para un grupo reducido (recomendable). Y si te cansas de la comida local, tienes el restaurante Frutos Do Mar, el Casbah para una hamburguesa riquísima (frente a las playas más apetecibles para bañarse), el Baobab Beach, punto de encuentro de viajeros, muy animado, el Zombie Cucumber, más tranquilo, el Casa Rex, que nos aconsejó una local, pero no llegamos a ir, y The Beach Village, con entrada al mar, estupendo para tomar una cerveza y unas gambas frente al mar. Tampoco llegamos a ir a la discoteca Afro Bar, que se anima a partir de las 23h. Es el lugar para salir a bailar.

*En Ponta Douro: llegamos un día gris de lluvia, misterioso y precioso, y lo dejamos un día radiante de sol. Ese lugar fue una buena despedida del viaje. Nos alojamos en una de las casas de madera sobre la colina, mirando al mar. Desde la terraza recién llegadas, vimos la silueta de una ballena desplazándose lentamente. Fue emocionante. Es un muy buen lugar para hacer avistamiento de ballenas y buceo con delfines. El pueblo antiguo guarda en sus casas las heridas de balas de la guerra.

4 Comentarios

  1. Belen

    Envidia de la buena leyéndote. Esa conexión tan bonita que se da entre las personas que comparten viaje… eso sí, para que se dé la magia hacen falta compañeras de viaje tan especules como tú, Maria, como Ana, y como Sara. Me consuela pensar que aún nos quedan muchos años por delante para volver a compartir algún viaje!! 🙂

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  2. Sara

    Maravilloso el artículo como tú, María!!!!!! Africa es mi continente fetiche pero Mozambique fue, es y será uno de mis destinos favoritos, de los que dan ganas de volver.. y volver.. y volver. Gracias!!!

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