¿Por qué los hombres beben vino y las mujeres agua?

por | 1 Nov, 2017 | BLOG | 0 Comentarios

Dos discursos de dos grandes pensadoras del siglo XX y XXI, distanciadas por casi un siglo, las escritoras y profesoras Virginia Woolf y Silvia Federici, convergen en la misma conclusión: la mujer en las sociedades más desarrolladas carecen del espacio y de los medios necesarios para realizarse plenamente como individuos.

Este mes he escuchado dos disertaciones sobre el papel de la mujer en la sociedad, con casi un siglo de diferencia, que no he podido dejar de comparar. El mensaje de ambas es tan similar que da escalofríos. Por un lado, la representación de Una habitación Propia, en el Teatro Español, basada en el ensayo de la escritora británica Virgina Woolf, publicado en 1929, interpretada magníficamente por Clara Sanchís y dirigida por María Ruiz; y, por otro lado, la ponencia que impartió la escritora, profesora y activista feminista italo-estadounidense, Silvia Federici, el pasado mes de septiembre en Madrid, invitada por la editorial Traficantes de Sueños.

Virgina Woolf se sirve de la Literatura para llegar a una conclusión categórica: para escribir (para pensar, para ser uno mismo) hay que tener una formación, dinero y un espacio propio donde poder realizarse y conseguir un desarrollo personal. Y de estas tres condiciones ha carecido la mujer a lo largo de su historia, desde los comienzos de la civilización hasta principios del siglo XX, época en la que Virginia Woolf imparte las conferencias sobre Las mujeres y la literatura en las dos únicas universidades femeninas, dependientes de la Universidad de Cambridge, que existían por entonces en Reino Unido. La mujer siempre ha sido pobre, porque su tarea en el mundo ha sido procrear y dedicarse a la familia. Carece de dinero, de tiempo para sí misma y de un reconocimiento social e intelectual a la altura de la otra mitad del planeta. Por eso en sus reuniones universitarias de la época, en las masculinas se bebía vino y en las femeninas se bebía agua. El dinero y la influencia que se invertía en unas y otras no era comparable.

El mundo ha podido progresar porque las mujeres se han ocupado de procrear y cuidar a los que se han dedicado a surcar los mares, cultivar eriales y crear arte. “Hemos dado a luz, criado, lavado y educado … a los mil millones seiscientos veintitrés seres humanos, que según las estadísticas, viven en el planeta y, aunque algunas hayan tenido ayuda, eso lleva su tiempo”.

“Nada se sabe sobre las mujeres escritoras antes del siglo XVIII. No tengo ningún referente en mi cabeza hacia quien aspirar”. Hay que contar con un sueldo, reclama la escritora británica, que permita adquirir un sentimiento de individualidad y un espacio propio sin rendir cuentas ni pedir permiso, y que le lleve a una más allá del propio ensimismamiento para relacionarse con los otros, para viajar y para ser capaz de producir un pensamiento sin distinciones de género. Alguna rara avis logra desarrollarse intelectualmente por sí misma, como fue su caso, reconoce Virgina Woolf, por haber tenido la suerte de recibir una herencia de por vida de su tía.

Pero según Silvia Federeci, una de las impulsoras que comenzaron en los 70 a reivindicar un salario para el trabajo doméstico, la incorporación de la mujer a la vida laboral con su sueldo retributivo no ha favorecido su realización como individuo, sino que ha provocado una doble situación de explotación y violencia, por la falta de conciliación entre las dos formas de trabajo: producción y reproducción.

Es innegable que el contar con un sueldo propio (con las 500 libras mensuales a las que aludía Virginia Woolf) ha cambiado sustancialmente la forma de vivir y de valorarse la mujer así misma, pero Woolf no se figuró, viniendo de una burguesía acomodada, que el hecho de tener un sueldo fuera a ir ligado a un surplus de trabajo que poco tiempo da para pensar y realizarse. Esa libertad, que aclamaba Woolf, se alcanza cuando una consigue despojarse física y moralmente de las tareas domésticas y comienza a verse así misma como individuo con derecho a su propio disfrute y a su propio espacio, y ese momento vital suele darse on the 50 road….

La escritora italiana puso el foco en la organización de las familias dentro de nuestro modelo social de mercado en donde el trabajo productivo retribuido tradicionalmente ha sido terreno de los hombres, mientras que a la mujer se le ha asignado el trabajo reproductivo sin retribuir. Y esa situación tan prolongada en el tiempo ha generado en las mujeres, en general, una dependencia y un sentimiento del deber de cuidar en exclusiva que aún nos está costando mucho tiempo y esfuerzo quitarnos de encima, en unas sociedades más que en otras. En la nuestra enormemente.

“El feminismo, según Federeci, ha redefinido el concepto de trabajo, nos ha hecho comprender que el trabajo no es solamente producir mercancía. El trabajo que se realiza en la casa, hecho por las mujeres, es el pilar de la sociedad, porque produce y se ocupa de los seres humanos y sin seres humanos no habría ningún tipo de producción ni riqueza social. Y, sin embargo, está completamente desvalorizado. Es una forma de explotación invisibilizada”.

Las mujeres han sustentado y sustentan con su trabajo extra cualquier otro tipo de producción y, sin embargo, se oculta. “Imaginaros, arguye, el coste que supondría a los empleadores hacerse cargo de los servicios necesarios para el funcionamiento cotidiano de sus empleados. Y esta situación estructural, consentida por los estados y las empresas, además de verse como algo natural, un statu quo que favorece la desigualdad y la discriminación, fomenta necesariamente la violencia machista”.

El salón de actos del Matadero, donde Silvia Federici impartió su discurso, desbordó las expectativas y los que no cupieron se quedaron fuera escuchando la conferencia a través de altavoces. Entre ellos muchos jóvenes, chicas y chicos. Virginia Woolf, fallecida en 1941, sigue tan vigente entre nosotros que tanto su obra como ella misma, una de las pensadoras vanguardistas más mordaces de ayer y de hoy, son una constante en el teatro, en el cine y en conferencias a nivel internacional. Cuenta con infinidad de seguidores un siglo después.

Conferencia “La revolución feminista inacabada” impartida por Silvia Federici en Madrid, septiembre 2017.

Clara Sanchís y Una habitación propia en Atencion obras

Nos gustaría mucho saber si el tema al que aluden ambas pensadoras sobre la necesidad de que la mujer pueda desarrollarse plenamente como individuo lo consideras anacrónico o actual.

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