Que los 80 sean los nuevos 40 es cuestión de muy poco tiempo

por | 12 Abr, 2017 | BLOG | 0 Comentarios

María Blasco y Mónica Salomone, coautoras de "Morir Joven, a los 140"

Prolongar el período de vida de la juventud y la longevidad es un asunto que se trae entre manos una de nuestras investigadoras más reconocidas dentro y fuera de nuestras fronteras, María Blasco, doctora en Biología Molecular y directora, desde 2011, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en España. Acaba de escribir el libro Morir joven, a los 140 junto a Mónica G. Salomone, periodista especializada en temas de divulgación científica. Ambas lo presentaron dentro del ciclo de conferencias Sabadell Forum.

Un ratón vive dos años de media y un murciélago 40. Lo que la Naturaleza no quiso hacer con el ratón, lo ha hecho con el murciélago: dotar a su organismo de herramientas para aguantar tan largo período de vida. Con este símil la doctora Blasco nos explicaba, a los que no estamos versados en la materia, que igual que a un animal se le capacita para vivir más, al ser humano también se le pueden ajustar los genes y reactivar la enzima de la telomerasa prolongando así su juventud, que es lo que se viene a llamar el healthspand (el tiempo de vida de nuestra especie libre de las enfermedades propias del envejecimiento), y alargando también los años de vida, hasta la máxima alcanzada por un ser humano, que son los 120 años.

La posibilidad de que con una sola intervención terapeútica pudiéramos retrasar las patologías asociadas al envejecimiento, ha dejado de ser una quimera. Imaginaos la idea de estar en plena forma a los 80 y más años. Y esto no es un reclamo publicitario del potente mercado antiaging, “estamos hablando de investigaciones con un respaldo científico -afirma Mónica Salomone- que afectan al cuerpo humano desde un punto de vista fisiológico y global, con una promesa factible a corto plazo”.

Es cuestión de tiempo, poco tiempo; seguramente hasta lleguemos a experimentarlo nosotros, pero para que la cosa avance a buen ritmo se necesita una voluntad institucional que aún no se da, ni en España ni en el extranjero. Los Estados no consideran prioritaria la inversión en la investigación sobre el envejecimiento, porque no está tipificado como una enfermedad (puesto que nos afecta a todos) y todavía no se plantea cambiar la regulación en ningún país. Existen fuera de nuestras fronteras grupos de presión que están reclamando el cambio de regulación, entre ellos en Suecia. Y en EE.UU. ya se comercializan productos nutricionales de origen natural, capaces de activar la telomerasa con efectos beneficiosos en la salud.

Aún así, las investigaciones no se detienen y siguen avanzando, por difícil que se lo pongan. Entre los grupos de investigación más punteros a nivel internacional se encuentra el que lidera la doctora María Blasco al frente del CNIO, Telomeres and Telomerase Group, que está enfocando sus investigaciones, desde el 2001, en el tratamiento y prevención de la enfermedad del envejecimiento (el acortamiento de los telómeros), como causa del resto de enfermedades que se van desarrollando al hacernos mayores. Han experimentado los efectos de tratamientos que activan la telomerasa en ratones mayores y han conseguido aumentar su vida media en un 40% y no sólo eso, sino que un ratón que ha sido tratado aumenta el tiempo de vida sin enfermedades y mantiene un aspecto mucho más joven que otro sin tratar.

El siguiente paso es aplicar el tratamiento a personas  a partir de los 40/50 años, que es cuando comienza el proceso de envejecimiento molecular, con la justificación de frenar enfermedades degenerativas concretas que van surgiendo por causa del envejecimiento como cáncer, alzhéimer, diabetes o problemas cardiovasculares. Los primeros pacientes servirán de conejillos de indias a la ciencia para comprobar cómo con el tiempo, además de haberse curado de su enfermedad, los efectos secundarios del tratamiento les provocarán encontrarse y verse mejor que muchos de nosotros. Actualmente se está investigando también con biomarcadores del envejecimiento, es decir ser capaces de medir la longitud de los telómeros que marcan el envejecimiento real (hasta el 80% por causas ambientales y el 20% por causas genéticas) y las probabilidades que tenemos de contraer una enfermedad, con el fin de intervenir y que también nosotros mismos podamos llevar un control sobre nuestros hábitos de vida y poder prevenir.

Es otra forma de abrir camino para conseguir apoyo estatal: mostrar los efectos positivos en la salud para que echen sus cuentas y decidan invertir en prevención. Envejecer lo mejor posible nos preocupa a todos y hacerlo en buen estado evitaría unos gastos brutales a la Seguridad Social.

Aún siendo una muy buena noticia, el vivir bien más tiempo, hay dos conflictos sociales que surgirán inevitablemente y que se plantearon en el seminario. El primero, cómo se va a asimilar la futura sociedad occidental desde el punto de vista socioeconómico, ya que la esperanza de vida sigue creciendo sin vislumbrar un punto de inflexión, mientras que cada vez nacen menos niños. El periodo de vida laboral tendrá que prolongarse hasta quien sabe si una década más, mientras que la inestabilidad laboral es cada vez mayor. La periodista Mónica  Salomone comentaba que “la sociedad no está nunca preparada para lo nuevo que va a llegar y deberíamos comenzar a poner los medios para prevenir estas consecuencias”. Pero este es un tema que compete al Estado y a las empresas, que tendrán que empezar a asimilar y a reconocer el potencial profesional de las generaciones mayores, aunque sea por pura necesidad, y proporcionar también las habilidades y herramientas para sacar lo máximo de la prolongación de nuestras vidas.

Y por otro lado, ¿corremos el riesgo de que se convierta la prevención de enfermedades y el retraso del envejecimiento en un asunto elitista hasta que lo asuma la seguridad social de cada país? Está por ver, pero como decía la doctora Blasco, las desigualdades sociales están presentes incluso en nuestra propia ciudad. Los factores socioeconómicos, la educación, la nutrición y la estabilidad familiar difieren mucho de unas zonas a otras, llegando a incidir en una esperanza de vida más o menos larga según la suerte que te haya tocado vivir. Si te interesa saber más, puedes escuchar a ambas en esta otra presentación de su libro Morir Joven, a los 140 (ed. Paidós, 2016) que está en Youtube.

 

Me acabo de encontrar con la siguiente noticia que tiene que ver mucho con el tema: Elizabeth Parrish, consejera delegada de la empresa norteamericana BioViva, decidió, en 2015, convertirse en conejillo de Indias de su propia compañía biotecnológica inyectándose una terapia génica que sólo se había probado antes en ratones. Lo hizo en Colombia para sortear el riguroso proceso que exige en Estados Unidos la FDA (Agencia Federal del Medicamento) antes de probar un nuevo medicamento en humanos. En este vídeo puedes oír cómo lo cuenta ella misma.

Cuenta en una entrevista al diario ABC:  “cuando me sometí al tratamiento tenía 44 años, pero la longitud de mis telómeros indicaba que mi edad biológica era de 65 años. Este dato no es raro para alguien que tiene una vida tan estresante como la mía. Ahora, un año después y tras la terapia, la longitud de mis telómeros se corresponde con la de una persona de 45 años, mi edad.” La terapia consiste en un inhibidor de la miostatina para incrementar la masa muscular y evitar la fragilidad del envejecimiento y otra para prolongar los telómeros.

Su lucha actual es ejercer presión para que la Administración norteamericana considere el envejecimiento como una enfermedad. “Existen cientos de estudios científicos -comenta en la entrevista- que relacionan el acortamiento de los telómeros con enfermedades de la vejez. Tales como el cáncer, el alzhéimer o los problemas cardiovasculares. Todos tenemos miedo a morir – sigue- pero cuanto más estudias este campo, más te das cuenta de que lo más probable es morir de una forma dolorosa y costosa. Me di cuenta de que necesitábamos una nueva forma de medicina”.

Nos interesa mucho saber qué opinas sobre el envejecimiento, si debería de considerarse una enfermedad para que el Estado invierta en su investigación y retrasar así todas las enfermedades derivadas del proceso de envejecer, además de vivir más mucho mejor.

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