HUELLAS QUE DEJARON ELLAS

Por Gonzalo Ugidos

La rama de un abedul

Era una de esas almas que no hacen ninguna señal, sino a las que hay que interrogar pacientemente, sobre las cuales hay que saber fijar la mirada. Si quienes la conocieron recordaban sus versos más que su carácter se debía a que Marina Tsvetayeva era inaprensible.

Baronesa Groupie

Pannonica era baronesa y dio que hablar. En realidad, no es raro que las baronesas den que hablar, acuérdate de Karen Blixen, de Emmuska Orczy, de la baronesa Dudevant -aka George Sand- o de Tita Thyssen, sin ir más lejos. Pero tal vez ninguna baronesa diera tanto que hablar.

Reina de corazones

Durante la segunda mitad del siglo XX, Brooke Astor reinó como First Lady de Nueva York. De noche -casi todas las noches- se vestía de Óscar de la Renta y, en saraos esplendentes, bebía champagne y degustaba caviar sentada a la derecha del anfitrión. De día visitaba orfanatos y en mesas plegables tomaba salchichas con mostaza y salsa de pepinillo en platos de cartón.

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